Por: José Antonio Artusi

Homenaje a la memoria de Arturo Umberto Illia

El presidente de la UCR de Entre Ríos afirma que a 29 años de su muerte, “la memoria y el ejemplo de Arturo Illia nos obigan a seguir luchando por la verdadera "revolución democrática" a la que el entregó sus mejores esfuerzos”. Jueves 19 de Enero de 2012
Forma parte de las tantas "zonceras" argentinas sostener que
Arturo Umberto Illia, de cuya muerte se cumplen este 18 de enero 29
años, fue un político honesto y austero, a la vez que un gobernante
ineficiente, lento, ineficaz, y cultor de ideas vetustas, incapaz de
comprender las exigencias de los nuevos tiempos.

Algunos de sus propios detractores, en una sutil y hábil maniobra para
desmerecer su estatura histórica, enfatizan deliberadamente su
ejemplaridad ética precisamente para enmascarar o negar su gigantesca
dimensión de estadista exitoso como pocos, poseedor de una cultura
inusual en los gobernantes argentinos, profundo conocedor del mundo y
sus problemas, imbuido de una lúcida visión de futuro de los desafíos
del país y de su gente


Pocas zonceras como ésta, reflejada en el recordado mote de la
"tortuga", están más lejos de la realidad.


Por eso, a 29 años de la muerte de este gran prócer, a modo de
homenaje, no repetiremos los lugares comunes referidos a su proverbial
austeridad republicana y su inquebrantable honestidad administrativa.
Nadie desconoce hoy que Illia se fue de la Casa Rosada más pobre que
cuando entró, y que su única propiedad fue una casa donada por sus
vecinos de Cruz del Eje, adquirida por suscripción popular. Pero sí
muchos desconocen lo que fue capaz de hacer en tan breve lapso, desde
el 12 de Octubre de 1963, en que asume la Presidencia de la República,
hasta el 28 de Junio de 1966, en que es derrocado por un grupo de
militares cuyo nombre quedará para siempre en la ignominia de la
historia. En menos de 3 años, la "tortuga", entre otros muchos logros
de gobierno;


- Eliminó las proscripciones al peronismo y al comunismo. y se
promulgaron penalidades a la discriminación y violencia racial.


- Promulgó la Ley 16.459, del salario mínimo, vital y móvil, previa a
la constitución del Consejo del Salario, integrado por representantes
del Gobierno, los empresarios y los sindicatos.


- Promovió la Ley de Abastecimiento, destinada a controlar los precios
de la canasta familiar y la fijación de montos mínimos de jubilaciones
y pensiones.


- Cumpliendo estrictamente lo prometido en la campaña electoral, en la
senda de Yrigoyen, Alvear y Mosconi, de defensa del petróleo argentino
al servicio del desarrollo con autodeterminación, firmó los Decretos
744/63 y 745/63 que anulaban los contratos petroleros de Frondizi, por
"vicios de ilegitimidad y ser dañosos a los derechos e intereses de la
Nación"; recuperando así la soberanía energética.


- Aumentó la incidencia de la educación en el Presupuesto Nacional.
Del 12% en 1963, al 17% en 1964, y al 23% en 1965. Promovió la
educación popular, laica, gratuita y obligatoria. Fortaleció la
autonomía universitaria y jerarquizó los estudios superiores hasta
niveles nunca superados después.


- Puso en marcha el Plan Nacional de Alfabetización.


- Promulgó la Ley 16.462, de medicamentos, también llamada Ley
Oñativia en homenaje al Ministro de Salud Arturo Oñativia. Establecía
una política de precios y de control de medicamentos, congelando los
precios a los vigentes a fines de 1963, fijando límites para los
gastos de propaganda, imponiendo límites a la posibilidad de realizar
pagos al exterior en concepto de regalías y de compra de insumos. La
Ley de Medicamentos, al propio tiempo que promovía la industria de los
laboratorios nacionales, disminuyó drásticamente el costo de los
remedios medicinales, considerados un bien social.


- Hizo crecer la economía como nunca antes. El PBI, luego de un
retroceso del -2,4% en 1963, creció un 10,3% en 1964 y un 9,1% en
1965. El Producto Bruto Industrial, luego de un retroceso de -4,1% en
1963, creció un 18,9% (sí, leyó bien, casi 19%) en 1964 y un 13,8% en
1965.


- Disminuyó la deuda externa, de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones.


- Hizo crecer el ingreso de los trabajadores: el salario real horario
creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%.


- Hizo bajar la desocupación: pasó de 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966.


- Se opuso a la intervención armada de los Estados Unidos en la
República Dominicana. Obtuvo una resolución favorable en la ONU, que
obligaba a Gran Bretaña a la discusión sobre la soberanía en las islas
Malvinas, en el marco que orientaba la descolonización de todos los
territorios hasta entonces sometidos a diversos grados de dominación
imperialista.


- Fue un impulsor convencido de la planificación indicativa, con el
Plan Nacional de Desarrollo, un riguroso modelo de transformación
democrática de las estructuras económicas y sociales.


- Intentó modificar la ley de asociaciones profesionales: el manejo de
los fondos se repartiría, de acuerdo con esa iniciativa, entre la
central, la Federación provincial y el sindicato de base. Se
estipulaba, asimismo, la participación de las minorías en las
direcciones gremiales.


- Gobernó sin estado de sitio, combatió la incipiente insurgencia
guerrillera con la fuerza de la ley, levantó proscripciones, y fue un
celoso defensor de la independecia de los poderes y de la libertad de
prensa.


- Promovió un activo desarrollo de la hidroelectricidad - impulsando
entre otros el proyecto de la represa de Salto Grande - y la energía
atómica


Vale la pena recordar que Ramiro Casasbellas, periodista de Primera
Plana, publicación abanderada en escribir barbaridades contra el
gobierno de Illia , reconocía tardíamente: “El gobierno de Don Arturo
Illia no abusó un milímetro de sus poderes; en cambio, buena parte de
los ciudadanos abusamos de los derechos que ese gobierno cuidó y
afianzó con celo extraordinario. Al recato en el mandato lo
denominamos ‘vacío de poder’; al irrestricto cumplimiento de las
leyes, empezando por la máxima ‘formalidad democrática’; a la
moderación ‘lentitud’; a la labor silenciosa y certera, sin autobombos
ni desplantes, ‘ineficacia’ y ‘burocratismo’; al repudio de la
demagogia, ‘sectarismo’; al ánimo de concordia, ‘falta de autoridad’;
y a la severa reivindicación de una doctrina nacional, popular y
cristiana, ‘exigencias de comité’. Éramos nosotros los sectarios, los
que carecíamos de autoridad”.


Los opositores al gobierno de Illia, miopes y mezquinos en su gran
mayoría, caricaturizaron y vilipendiaron su gobierno, ayudando a la
conspiración de los grandes intereses transnacionales que alentaron su
derrocamiento. De ciertos periodistas, de ciertos políticos, de la
burocracia sindical, de las fuerzas armadas; la dignidad de la
República todavía espera un mea culpa y una autocrítica.

A 29 años de su muerte, la memoria y el ejemplo de Arturo Illia nos
obigan a seguir luchando por la verdadera "revolución democrática" a
la que el entregó sus mejores esfuerzos.

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